martes, 12 de noviembre de 2013

Sitges 2013: The wind rises (Kaze Tachinu).

 Desde el estreno de "El viaje de Chihiro" y su consecuente triunfo internacional, cada nueva película de Hayao Miyazaki se ha celebrado como lo que es, un acontecimiento global del mundo del cine. Sin duda uno de los directores de animación más importantes de la historia, el maestro de Studio Ghibli nos anunciaba hace unos meses que su última película, "Kaze Tachinu" (o "The wind rises" como título internacional) sería su despedida del mundo de la dirección.

No es la primera vez -ni la segunda- que Miyazaki nos amenaza con retirarse, pero esta vez, teniendo en cuenta el tipo de film que es "Kaze Tachinu", su historia, su personaje protagonista, o lo que transmite al espectador, la convertiría en el final demoledor y perfecto a su carrera.
Ojalá se retracte y vuelva una vez más con un nuevo proyecto, pero si no lo hace "Kaze Tachinu" se convertirá posiblemente en el broche de oro que podemos entender como el film más personal de toda su carrera.

Es imposible no emparentar la historia que nos cuenta, por mucho que esté basada en la de un personaje real, con la del propio Miyazaki. Un soñador, fumador compulsivo, obsesionado por la aviación pero sobretodo por ir más allá, por superarse, por conseguir la creación más bella y perfecta posible.
"Kaze tachinu" es la película de Ghibli que aburrirá a nuestros hijos (y quizás a alguno de nosotros), de las pocas del catálogo del estudio que no querrán ver. Pero también el testimonio de un creador inquebrantable.

La película sigue la vida de Jiro Horikoshi, desde que siendo un niño fascinado por los aviones pasa los ratos estudiando para ser ingeniero, mientras sueña con encontrarse con Giovanni Caproni, el ingeniero aeronáutico italiano más famoso del primer cuarto del siglo XX.
Le acompañamos mientras se traslada a Tokyo, donde además de estudiar en la universidad, ayuda a una joven en el gran terremoto de Kanto.
Y le seguimos cuando comienza sus prácticas en Mitsubishi, la compañía para la que diseñaría aviones, ganándose el reconocimiento de todos, mientras en su vida personal se reencuentra con aquella joven niña a la que ayudó, ahora una mujer de la que se enamora perdidamente.

"Kaze Tachinu" es seguramente el film más pensado en el público adulto que haya producido Ghibli. Tanto la historia, como el contexto histórico de la película, como su narrativa, lenta, repetitiva, reflejando la obsesión del protagonista, hará salir corriendo a cualquier crío. Esta es sin embargo como decía probablemente de las películas más interesantes de Miyazaki -y eso es mucho decir- por ese mensaje desde la experiencia de la vida de un creador, un visionario, y también de la lectura entre líneas que nos puede emparejar al director y al protagonista de la película.

Bien entrada la película, en el grueso del film que nos situa ya en la versión adulta del personaje, vemos a Horikoshi fumando cigarrillo tras cigarrillo -hacía tiempo que no veía fumar tanto en una película moderna-, discutiendo con sus compañeros ingenieros sobre si es mejor añadir al fuselaje tornillos de cabeza plana o remaches, si tal engranaje funcionaría mejor en el alerón, si tal motor alemán es una bestia a la que han de estudiar como sea. En definitiva: casi un documental del día a día de un loco de la ingeniería aeronáutica, de su búsqueda de la innovación, dentro de un momento mundial de avance tecnológico..
Se puede ver como un aburrimiento de tomo y lomo -dudo que a la mayoría del público le interesen los misterios de la aeronáutica de los años 30-, o se puede ver como el reflejo de la obsesión, de la pasión por el trabajo por encima de todo, ya sea del amor, de la familia y de la vida.

No quiero decir con todo eso que la película no se sienta Ghibli: más allá del obvio diseño de personajes y escenarios, además de esa música de Joe Hisaishi, es especialmente en las escenas de las ensoñaciones del joven o adulto Jiro, con la imaginación desbordando la pantalla como tantas veces hemos visto, o en los momentos de complicidad entre Jiro y su amada Naoko, cuando la película desborda esas emociones tan recurrentes en la filmografía del estudio.

 Dentro del mensaje triste y melancólico que guarda la película, el de las oportunidades irremediablemente perdidas a lo largo de la vida, en este caso el disfrute de la vida personal a cambio de la excelencia en el objetivo del protagonista, se repite como un aviso a navegantes el poema que da título a la película, y que conecta por primera vez a Jiro y Naoko: "El viento se levanta... hay que tratar de vivir". 
El mensaje puede ser vitalista, pero a diferencia de otras veces, desde un tono sombrío, algo que se podría relacionar con el Japón post-Tohoku.

Parte integral de la construcción del personaje protagonista lo tiene su voz: Hideaki Anno (el mismísimo creador y director de Neon Genesis Evangelion) hace un trabajo sensacional dando un añadido melancólico, casi trágico, con su tono de voz. No es que Anno no haya tenido experiencia como actor, ha tenido varios pequeños papeles en producciones de lo más variado, pero nada remotamente parecido en la escala de importancia con poner voz al personaje protagonista de un film de Miyazaki. 

La banda sonora juega de nuevo un papel capital en el desborde de emociones: Joe Hisaishi vuelve a poner la partitura, con un precioso y triste tema central (que se traduciría por "Viaje") que se repite una y otra vez con diferentes versiones en cada etapa del protagonista.
Además la película contiene algunas composiciones que nos sitúan en la época, sobretodo canciones alemanas de los años 30, y un emocionante tema para los créditos finales compuesto por la cantante Yumi Matsutoya, que curiosamente anunciaba en los años 80 los coches Mitsubishi.
Quiero destacar que por alguna razón el sonido de la película (incluyendo los efectos de sonido de los aviones, que parecen hechos por personas con la boca, nada de grabaciones de motores y demás) no está mezclado como sonido envolvente.

El sentimiento antibelicista que le ha ganado algunas calificaciones de "antipatriótico" a Miyazaki en Japón, está claramente implícito en varios puntos del film, desde el punto de vista del protagonista: el diseñador de los "Zero", los aviones de combate japoneses de la segunda guerra mundial, no busca en absoluto el crear un arma de destrucción.

Si esta es realmente la despedida, Hayao Miyazaki se nos va con una obra maestra llena de tristeza y melancolía, un "Ganbare!!" con lágrimas en los ojos. 
Esperemos que se lo repiense.

9,5 de 10

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